¿Él estaría orgulloso?
Me encontré por ahí hace un par de semanas una conversación en donde Steve Harvey, a corazón abierto, les hablaba a sus hijos respecto a cómo todo lo que él hacía era para ellos. Para que cuando él ya no estuviera, pudieran conocerlo también a través de su mensaje. Y para que, en el momento en el que necesitaran guía, fuerza, claridad o simplemente un recordatorio de quién era él, regresaran a su obra... y se sintieran orgullosos.
Muy emotivo.
Y mientras lo veía y pensaba en mis hijos, de alguna manera no podía también dejar de pensar en mí.
Bueno... no en mí. En mí antes de mí.
¿Él se sentiría orgulloso?
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"El privilegio de toda una vida es llegar a ser quien realmente eres."
— Carl Rogers.
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Sé que la calidad de la foto es muy mala, pero no tengo muchas de esa época. No me gustaba tomarme fotos. Y, de hecho, es una gran foto para enmarcar esta reflexión.
Ese día me gradué de secundaria. Como podrán darse cuenta - y espero no hayan imaginado otra cosa - fue un día lluvioso. De alguna manera la carpa que colocaron para cubrirnos de la lluvia no nos protegía del todo. Y algunos terminamos empapados.
Tenía quince años. A esa edad tenía una capacidad enorme para soñar e imaginarme aquello que en ese momento parecía inalcanzable para personas como yo. Pero adolecía de falta de acción. R. Sharma dice que la ideación sin acción es una ilusión. También cargaba un lastre enorme de inseguridades, suficientes dudas, y ninguna certeza clara de qué iba a ser de mí.
No me gustaba quién era. Me sentía ajeno a mí. Y dado que mi realidad no era congruente con mis deseos, vivía enojado. Me victimizaba de mi pasado y de mi presente. Dicen que el verdadero cambio sucede cuando el dolor por permanecer igual es más fuerte que el dolor por cambiar. Y definitivamente yo no quería continuar permaneciendo igual.
Existe un momento, previo al cambio, en el que algo se rompe en tu interior. A mí ello me pasó en la transición de secundaria a prepa. No tenía claro qué iba a ser de mí, ni en quién me iba a convertir. Lo que sí tenía claro, era aquello que no quería ser. Y el que no me iba a permitir llegar con vergüenza a mi futuro.
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"Nacimos para brillar. Nacimos para manifestar la grandeza del universo que existe en nuestro interior. Y cuando permitimos que nuestra propia luz brille, inconscientemente le estamos permitiendo al resto hacer lo mismo."
— Marianne Williamson.
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No sé si algún día mis hijos se sentirán orgullosos de mí. No considero incluso que sea mi deseo. Quiero que se sientan orgullosos de sí mismos.
Sé que tienen miedos, inseguridades y falta de certezas. Es natural. También los tuve.
También los tengo.
Pero también sé que tienen sueños, anhelos y una larga vida por delante para cumplirlos. Años atrás veía esta foto y, si me permiten ser sincero, sentía un poco de vergüenza. Al día de hoy, si me cruzara a ese tipo en este momento, sé que él estaría orgulloso de mí. Y yo le haría saber el profundo respeto que tengo por él.
Porque yo soy consecuencia. En cambio él, sin herramientas y con todo ese miedo. Con todas esas inseguridades y falta de certezas. Él inició esta jornada. Y nunca desistió. Y no fue fácil. No ha sido fácil. Pero él le puso el corazón necesario para seguir avanzando.
En algún momento mis hijos tendrán cuarenta años. Y quiero que vean atrás y se sientan orgullosos de las personas en las que se han convertido. Yo tendré sesenta y cinco. Y quiero que esa persona tenga un profundo respeto por mí.
Y por el camino que me atreví a recorrer para llegar ahí.

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