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Sucesión.

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 Hay una anécdota que recuerdo mucho cuando hablo de cómo fue crecer con mi Papá. Cuando era pequeño, él siempre que llegaba de su trabajo se ponía a hacer labores en el hogar. Específicamente en el patio. Él creó el jardín desde cero. Y cuando digo crear, me refiero a que limpió el terreno de escombros y maleza, trabajó en la mejora del suelo con abono, a pico y pala. Sembró el césped, sembró los árboles, las plantas, los cactus. Y claramente le daba todo el mantenimiento que necesitaba, que era mucho. A él siempre le ha gustado esto. Pero también creo que era alguna forma de terapia ocupacional. No sé si de escuchar o callar sus pensamientos. Quizá no había romanticismo en ello, simplemente le gustaba y ya. Debería consultarle. Los fines de semana que no había escuela, era común que nos agendara labores también. He de ser sincero, actividades non gratas para mí. En una ocasión, me llevó consigo al monte para recolectar abono en la camioneta. Para quien conoce Monclova, las temper...

Al otro lado de tus decisiones.

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 Este jueves celebré mis cuarenta y un años. Hace algún tiempo, no recuerdo ya en dónde, escuché que los años que tenemos son en realidad los años que ya no tenemos. Porque los únicos años que realmente tenemos, son lo que nos faltan por vivir. Y como no sabemos cuántos son, necesitamos asegurarnos de aprovecharlos. Cuando nacemos, no elegimos nada. No elegimos la ciudad ni la familia. No elegimos el nombre ni las circunstancias. Llegamos al mundo como resultado de las decisiones de nuestros padres. Hasta ese momento somos una hermosa, involuntaria y afortunada consecuencia. Pero conforme la vida sucede, poco a poco y casi sin darnos cuenta, vamos tomando el control de esta. Y un día, repentinamente, asumimos totalmente el mando.  Y nos volvemos responsables de nuestra historia.  ---------------------------  "Las conversaciones más importantes que tendrás en tu vida, serán aquellas que tengas contigo mismo." David Goggins. ---------------------------  Hay moment...

La arquitectura de la identidad.

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 Hace unos días me envió Linda esta foto. Me despertó muy bonitos recuerdos. En aquel tiempo recién nos habíamos mudado a esta casa, era por allá del 2013. Teníamos ya tres años juntos en matrimonio. Yo andaría por mis 28 años y Linda por los 25. Éramos unos jovencitos. Esa casa significó mucho para nosotros, porque era una prueba de progreso. El lugar donde iniciamos nuestra relación ya nos quedaba muy chiquito, y Santiago ya en esta etapa no tenía espacio suficiente para hacer sus desmanes.  Hasta este momento de mi vida, yo creía que en algunos seis u ocho años pudiera aspirar a un puesto de jefatura, y ahí poco a poco ir construyendo un patrimonio para Linda, Santiago y para mí.  La vida nos tenía otros planes. Un año después de esta foto ya estaba Sofi con nosotros, y su llegada fue un momento hermoso. Pero a partir de ahí nuestra economía se empezó a complicar un poco más.  Bueno, no. Mucho más. Ya para el 2015 la situación estaba muy tensa. Los gastos imprevis...

La trampa de lo cotidiano.

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 Existe un concepto en la economía que describe algo que todos hemos vivido en algún momento de nuestra vida, y que no hemos sabido nombrar. Este concepto es la utilidad marginal decreciente. La utilidad marginal decreciente sucede cuando una persona ve afectado su nivel de satisfacción conforme consigue más de aquello que al inicio le provocaba mucha felicidad. Entre más tienes de algo, menos te mueve. Cuando era pequeño, recuerdo que Mamá compraba un litro de leche y un tubo de galletas Triki-Trakes para cenar en casa. Normalmente el litro de leche y las galletas los repartía entre cuatro. Papá no tomaba leche porque decía que la leche era para los becerros.  Mi porción era un vasito de 250 ml y unas cuantas galletas. Pero yo siempre me quedaba con ganas de más. En aquel tiempo, uno de mis deseos de niño era que cuando fuera adulto me iba a comprar un litro de leche y un tubo de galletas para mí solo. He hecho esto último muchas veces ya en mi vida y he descubierto, para mi ...

El canto de las sirenas.

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 Hace casi tres mil años, en la antigua Grecia, Homero ya había escuchado historias de las sirenas. Unas criaturas que los marineros llegaban a cruzarse durante sus viajes por el mar. Hermosas e irresistibles. Criaturas cuyo canto era tan poderoso, que todo aquel que lo escuchaba viraba el timón hacia ellas. Sin pensarlo. Sin poder evitarlo. Y en consecuencia, morían en las rocas.  Odiseo lo sabía. Pero aún así tenía que navegar para regresar a casa. Así que diseñó un plan para sobrevivir. Le pidió a toda su tripulación que se taparan los oídos con cera y, que a él, lo ataran firmemente a un mástil. Por más súplicas que externara, pidió que no lo liberaran, dado que seguramente estaría bajo el hechizo de esa melodía tan cautivadora.  Odiseo sobrevivió. No por su gran fuerza de voluntad. Sino porque tenía la estrategia correcta. ---------------------------  "Lo que no está en mi camino, no está en mis intereses." - Epicteto. ---------------------------  Escuchaba...

Más grande que tú.

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 Hace poco escuché una conversación en un podcast, en el que Jordan Peterson expresaba una idea a la que le he venido dando vueltas en mi cabeza. Jordan hablaba de que siempre crecemos en proporción a la responsabilidad que decidimos asumir voluntariamente. Pero al mismo tiempo, no tenemos idea de cuál es el límite máximo a eso. Porque todos hemos conocido personas extraordinarias a lo largo de nuestra vida. Personas de talento innato llamadas a hacer grandes cosas. Pero también, inevitablemente, hemos conocido personas que asumen cargas extraordinarias. Y precisamente, por hacerlo, su desarrollo fue empujado por necesidad.  Personas que se obligaron voluntariamente a crecer más allá de lo que eran. Sin certeza sobre su capacidad de manejar dicha carga. Ninguno de nosotros conocemos nuestro límite. ---------------------------  "El hombre no se descubre a sí mismo contemplándose, sino comprometiéndose." - Johann Wolfgang von Goethe. ---------------------------  El cre...

Mira a tus demonios a los ojos.

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 Últimamente mi algoritmo me ha estado mostrando mucho a Mike Tyson. Hay algo en la evolución de su identidad que me cautiva. En parte eso y que también habla frecuentemente acerca del contraste entre el personaje que todos veíamos arriba del ring y el ser humano que se escondía detrás de él.  Porque este peleador feroz, dominante e imbatible ante nuestros ojos, también tenía miedo. También era un Tyson con dudas, agobiado por sus demonios y con síndrome del impostor. Me crucé por ahí hace poco un video en el que habla de la presión. Mike es un filósofo. Él dedujo para sí mismo que, antes de una pelea, el momento de mayor presión llegaba por pensar demasiado en recibir el golpe. No cuando los recibía. Mike dice que pensar en recibir el golpe es un millón de veces peor que recibirlo en sí. Y que eso es lo que le generaba presión. El temor a fracasar. Hasta que eventualmente entendió que lo mejor que le pudo haber pasado fue precisamente eso, fracasar.  Porque así fue como ...