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No me sé rajar.

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 Es injusto asumir que el éxito de una persona es gracias a algún tipo de talento innato. En cualquier ámbito.  Yo lo he hecho.  Pero lo que realmente importa es lo que no vemos. El trabajo detrás que respalda cada uno de los hitos alcanzados.  Leía un artículo recientemente que hablaba acerca del concepto de la tasa del éxito (SR: Success Rate). En términos simples, este indicador mide el porcentaje de resultados positivos frente al total de intentos realizados. Comparto por acá algunos ejemplos: 1. Frank Sinatra: 1.200 canciones, 209 éxitos. SR del 17%. 2. Babe Ruth: 8.399 intentos, 714 éxitos. SR del 8,5%. 3. Pablo Picasso: 150.000 obras, 1.170 obras maestras. SR del 0,7%. La matemática es muy dura. Veneramos los nombres, pero minimizamos la cantidad tan grande de intentos que tuvieron qué provocar. A pesar de los fracasos, a pesar de la desmoralizante crítica externa y sin certeza alguna de un futuro prometedor.  La masividad de su trabajo fue lo que convirt...

El bosque de las luciérnagas.

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  El viento en el mirador era cortante. El frío le calaba en los huesos. Abajo, la ciudad se veía distante. Las luces titilaban en el fondo y se percibía una noche tranquila. En silencio. Había jugado ya con esta idea desde hace tiempo. Con subir ahí. Llevaba años buscando una razón para no hacerlo. No la encontró. Dedicó muchos años a tratar de entender el porqué de su dolor. A lamentarse. Buscando encontrar propósito en su desgracia.  Cerró los ojos. Y entonces los vio.  ... La dinámica de ese fin de semana había resultado improvisada. No habían sido unas vacaciones planeadas. Pero, dada la situación, acordaron ir a visitar un par de pueblitos y pasar el rato en familia.   Muy cerca del pueblo había un lugar en el que, durante esa temporada, la noche se iluminaba. El bosque de las luciérnagas. Emprendieron el camino sin demasiada expectativa. Y aunque estaba relativamente cerca, ya el último tramo del recorrido era sobre una vereda rural. En algún momento incl...

¿Qué tan profundas son tus raíces?

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  Hace unos días tuve un sueño extraño. Si bien no es un sueño frecuente, sí es un sueño que he tenido en ocasiones a lo largo de mi vida. No necesariamente el escenario es el mismo, pero sí ciertas condiciones en este. Elaboro.  Estaba volando en mi sueño. No volando velozmente a cielo abierto. Sino volando torpemente, intentando mantenerlo de manera fluida. Hacía un salto, volaba por un instante - lo suficientemente lejos para que se considerara vuelo - y volvía a caer. Esto se repetía una y otra vez. Había personas persiguiéndome, personas difusas. De las que yo estaba intentando escapar. A pesar de que pareciera una persecución, mi sentir era de euforia, de libertad. Desperté abruptamente alrededor de las 3 am, emocionado. Cerré rápidamente los ojos para volver a soñar lo mismo, pero ya no pude. Ya había vivido esto. Y por más que lo intento no consigo volar como se merece. Más adelante en la semana iba de regreso del trabajo, camino a casa, escuchando un podcast en el que...

Sucesión.

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 Hay una anécdota que recuerdo mucho cuando hablo de cómo fue crecer con mi Papá. Cuando era pequeño, él siempre que llegaba de su trabajo se ponía a hacer labores en el hogar. Específicamente en el patio. Él creó el jardín desde cero. Y cuando digo crear, me refiero a que limpió el terreno de escombros y maleza, trabajó en la mejora del suelo con abono, a pico y pala. Sembró el césped, sembró los árboles, las plantas, los cactus. Y claramente le daba todo el mantenimiento que necesitaba, que era mucho. A él siempre le ha gustado esto. Pero también creo que era alguna forma de terapia ocupacional. No sé si de escuchar o callar sus pensamientos. Quizá no había romanticismo en ello, simplemente le gustaba y ya. Debería consultarle. Los fines de semana que no había escuela, era común que nos agendara labores también. He de ser sincero, actividades non gratas para mí. En una ocasión, me llevó consigo al monte para recolectar abono en la camioneta. Para quien conoce Monclova, las temper...

Al otro lado de tus decisiones.

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 Este jueves celebré mis cuarenta y un años. Hace algún tiempo, no recuerdo ya en dónde, escuché que los años que tenemos son en realidad los años que ya no tenemos. Porque los únicos años que realmente tenemos, son lo que nos faltan por vivir. Y como no sabemos cuántos son, necesitamos asegurarnos de aprovecharlos. Cuando nacemos, no elegimos nada. No elegimos la ciudad ni la familia. No elegimos el nombre ni las circunstancias. Llegamos al mundo como resultado de las decisiones de nuestros padres. Hasta ese momento somos una hermosa, involuntaria y afortunada consecuencia. Pero conforme la vida sucede, poco a poco y casi sin darnos cuenta, vamos tomando el control de esta. Y un día, repentinamente, asumimos totalmente el mando.  Y nos volvemos responsables de nuestra historia.  ---------------------------  "Las conversaciones más importantes que tendrás en tu vida, serán aquellas que tengas contigo mismo." David Goggins. ---------------------------  Hay moment...

La arquitectura de la identidad.

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 Hace unos días me envió Linda esta foto. Me despertó muy bonitos recuerdos. En aquel tiempo recién nos habíamos mudado a esta casa, era por allá del 2013. Teníamos ya tres años juntos en matrimonio. Yo andaría por mis 28 años y Linda por los 25. Éramos unos jovencitos. Esa casa significó mucho para nosotros, porque era una prueba de progreso. El lugar donde iniciamos nuestra relación ya nos quedaba muy chiquito, y Santiago ya en esta etapa no tenía espacio suficiente para hacer sus desmanes.  Hasta este momento de mi vida, yo creía que en algunos seis u ocho años pudiera aspirar a un puesto de jefatura, y ahí poco a poco ir construyendo un patrimonio para Linda, Santiago y para mí.  La vida nos tenía otros planes. Un año después de esta foto ya estaba Sofi con nosotros, y su llegada fue un momento hermoso. Pero a partir de ahí nuestra economía se empezó a complicar un poco más.  Bueno, no. Mucho más. Ya para el 2015 la situación estaba muy tensa. Los gastos imprevis...

La trampa de lo cotidiano.

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 Existe un concepto en la economía que describe algo que todos hemos vivido en algún momento de nuestra vida, y que no hemos sabido nombrar. Este concepto es la utilidad marginal decreciente. La utilidad marginal decreciente sucede cuando una persona ve afectado su nivel de satisfacción conforme consigue más de aquello que al inicio le provocaba mucha felicidad. Entre más tienes de algo, menos te mueve. Cuando era pequeño, recuerdo que Mamá compraba un litro de leche y un tubo de galletas Triki-Trakes para cenar en casa. Normalmente el litro de leche y las galletas los repartía entre cuatro. Papá no tomaba leche porque decía que la leche era para los becerros.  Mi porción era un vasito de 250 ml y unas cuantas galletas. Pero yo siempre me quedaba con ganas de más. En aquel tiempo, uno de mis deseos de niño era que cuando fuera adulto me iba a comprar un litro de leche y un tubo de galletas para mí solo. He hecho esto último muchas veces ya en mi vida y he descubierto, para mi ...