Acompáñame en silencio.

 Hace unos días, mientras me preparaba para partir hacia el trabajo, me hizo Linda una pregunta que me desorientó un poco. 


- ¿Te sientes solo?


Después de ver su reacción y entender que era una pregunta honesta, respondí - un poco extrañado y casi por reflejo - con un llano:


- No, no me siento solo.


Ahora, he estado dándole vueltas en mi cabeza a esto. Porque aunque es cierto que no me siento solo, el porqué es lo que me tiene escarbando en esta idea.


Desde muy pequeño me descubrí como alguien introvertido. Las habilidades sociales que hoy en día considero como una de mis fortalezas, las desarrollé intencionadamente y por necesidad. 


Crecí conversando conmigo, habitando mi interior. Ello me formó como alguien muy introspectivo y con una buen desarrollo de mi autoconciencia, un gran entendimiento de mi influencia en mi entorno y un hábil gestor de las situaciones en las que las emociones desbordan la razón.


Pero solitario.


Hoy en día no recuerdo la última vez que me sentí así. Si me pidieran ponerle fecha, diría que ese mismo 28 de Diciembre del 2008 en el que encontré en ella compañía para el resto de mi vida. 


En alguna ocasión escuché también que el liderazgo conlleva soledad. Yo soy un creyente ferviente de que los grandes resultados empiezan en el ambiente correcto. Y cuando tú estás al frente de un equipo, el ambiente lo permeas tú. Así que tienes que asegurarte de que tu energía sea coherente y esté alineada a ese equipo que quieres construir. 


Aunque no siempre es fácil, todos hemos pasado por momentos de gran presión en la que tú tienes qué hacer contención de la misma y redirigirla de la manera correcta hacia el equipo para mantener un espíritu de motivación. Al mismo tiempo, no puedes llevar este estrés a casa y recargar preocupaciones innecesariamente a quien no necesita de ello.


Quizá esto pudiera interpretarse como soledad.


Yo no lo veo así. Al menos no es mi caso. A mí me gusta ir a trabajar. Me gusta llegar a un ambiente divertido en el que te sientas cómodo retando, dirigiendo, resolviendo y formando. Siempre buscando el alto rendimiento y la adición de valor a las personas y al negocio. De agregarme valor a mí.


A veces no son momentos, son temporadas. A veces incluso un par de años. Recordábamos Linda y yo una etapa difícil que vivimos entre el '21 y '23. Una jornada en la que la presión apretaba, el sueño era escaso y mi atención estaba muy fragmentada en varios conflictos a resolver. Esas jornadas son necesarias en tu vida. Te forjan. Y te ayudan a adquirir perspectiva.


Aún así no me sentía solo. La soledad es ausencia. Yo no tenía ausencia. A lo largo de mi vida he cambiado constantemente de círculos sociales y profesionales. Y aunque nunca aprendí a hacer amigos, he aprendido a ser amigo. Y a generar conexiones fuertes, genuinas.


Sigo conversando conmigo, sigo habitando mi interior. Y cuando el mundo me pesa, sé que siempre tendré mi lugar seguro en donde puedo bajar la guardia.


A pesar de que en ocasiones se pudiera percibir que estamos solos, en realidad siempre tendremos a alguien ahí. Acompañándonos en silencio.


--------------------------- 


“El silencio también es una forma de conversación.”


- Ram Dass 




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Un Domingo cualquiera.

Caballo salvaje.

La belleza de lo infraordinario.