Esclavo de mí.
Hay una pregunta que me gusta hacer cuando entrevisto a alguien. Me da perspectiva de cuánta autoconsciencia tiene y de su madurez como profesional después de haber atravesado una etapa difícil.
Primero lo guío hacia un reto importante en su carrera, en el pasado. Un reto que haya vivido y en el que haya fracasado o que, a su juicio, no haya abordado de la mejor manera.
Si pudieras afrontar nuevamente esa situación, ¿qué harías hoy diferente?
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Yo viví una situación así en 2021. En ese tiempo, me ofrecieron liderar una operación en mi anterior empleo, con gran peso en la facturación del negocio. Y en un terreno donde no tenía experiencia suficiente. Lo acepté.
Los primeros días fueron frustrantes. Normal en cada etapa de cambio. Al tercer mes ya tenía contactos, confianza con el equipo y resultados aceptables. Pero mis jornadas eran muy extensas. Muy.
Después vinieron los retos importantes. Fricción en el equipo, un volumen que excedía nuestra capacidad operativa, fallas en el servicio, una fuerte presión del equipo de liderazgo, chats a todas horas, todos los días.
Lo ordinario en un momento de crisis operativa.
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Resolví la situación. Y no lo considero un fracaso. De haberlo sido, no estaría aquí. Pero la manera en la que manejé mi estado emocional en esa etapa no fue la adecuada.
Cuando el estrés, la ansiedad o los conflictos emocionales no se procesan bien, nuestro cuerpo los traduce en síntomas físicos reales. Y a ese punto llegué.
Uno no puede quejarse del dolor si elige ser un guerrero. Pero un guerrero debe saber distinguir si la batalla es consigo o con un enemigo externo.
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"Lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino los juicios que hacen de ellas."
- Epicteto.
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He vivido muchas situaciones difíciles en mis etapas profesionales desde aquel entonces. Y también he aprendido bastante de ellas. No he descubierto aún la fórmula para la ataraxia, esa calma imperturbable. Pero tampoco creo que exista.
Aprendí que, ante situaciones de estrés, mi mente reaccionaba con impulsos desbordados. Pero yo no soy mis pensamientos, soy el que decide qué hacer con ellos. Y saber qué hacer con ellos es una competencia. Se desarrolla.
He librado batallas que me han permitido conocer cada vez mejor a mi enemigo. Al enemigo interno.
Y me han dejado herramientas que hoy sostienen mi forma de actuar. Separar los hechos del juicio. Estructurar el problema antes de reaccionar a él. Mantener la cabeza fría cuando todo pide lo contrario.
Sé que me faltan muchas más por librar. Pero no me asusta. Me emociona. No por el resultado, sino por aquel en quien me convierto al perseguirlo.
El camino es largo. Pero quien domina sus impulsos pasa de esclavo a dueño de sí.

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