El canto de las sirenas.
Hace casi tres mil años, en la antigua Grecia, Homero ya había escuchado historias de las sirenas. Unas criaturas que los marineros llegaban a cruzarse durante sus viajes por el mar. Hermosas e irresistibles. Criaturas cuyo canto era tan poderoso, que todo aquel que lo escuchaba viraba el timón hacia ellas. Sin pensarlo. Sin poder evitarlo. Y en consecuencia, moría en las rocas.
Odiseo lo sabía. Pero aún así tenía que navegar.
Así que diseñó un plan para sobrevivir. Le pidió a toda su tripulación que se taparan los oídos con cera y, que a él, lo ataran firmemente a un mástil. Por más súplicas que externara, pidió que no lo liberaran, dado que seguramente estaría bajo el hechizo de esa melodía tan cautivadora.
Odiseo sobrevivió. No por su gran fuerza de voluntad. Sino porque tenía la estrategia correcta.
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"Lo que no está en mi camino, no está en mis intereses."
- Epicteto.
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Escuchaba a Horacio Marchand en una conversación con Bandido Diamante, de cuán importante es tanto definir el destino al que quieres llegar como alejarte del canto de las sirenas en tu travesía.
Personas que extraen de ti más energía de la que te aportan. Conversaciones que no construyen nada pero consumen mucho de tu atención y estado emocional. Proyectos que parecieran brillantes, pero que no tienen nada que ver con el camino que decidiste seguir. Brillo material para atraer atención externa y que al final fracciona tu enfoque. Validación fácil en lugar de progreso real.
El canto continúa siendo igual de hermoso. Igual de convincente. Y el problema no es que los distractores sean malos, a veces incluso no lo son. El problema es que aparecen en el momento equivocado, apuntando en la dirección equivocada. Y si no tienes claro a dónde vas, cualquier melodía pareciera un destino.
Le preguntaron en alguna ocasión a Muhammad Ali que cuál era la parte central de su formación. Si el correr, el entrenamiento de box, o qué era aquello más importante a lo que el definiría como el eje de su desarrollo profesional.
Muhammad, con aquel tremendo carisma que lo caracterizaba, hace una pausa y responde:
"La parte central de mi entrenamiento es esquivar los clubes nocturnos y a las chicas. ¿Quieres la verdad? Lo más importante es estar solo a las nueve de la noche en cama, listo para dormir y poder despertar muy temprano al día siguiente para correr.
Correr es fácil, entrenar y tomar mis vitaminas es fácil. Lo difícil es evitar las tentaciones en mi camino."
Odiseo completó su travesía, no porque fuera el más fuerte, el más tenaz, ni el más rápido. Sino porque, aun escuchando el canto, se aferró a su destino.
Ten tan claro a dónde te diriges, que ni el más hermoso canto de las sirenas que escuches en tu andar, te distraiga de aquello que has definido como éxito para ti.

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