¿Qué tan profundas son tus raíces?
Hace unos días tuve un sueño extraño. Si bien no es un sueño frecuente, sí es un sueño que he tenido en ocasiones a lo largo de mi vida. No necesariamente el escenario es el mismo, pero sí ciertas condiciones en este. Elaboro.
Estaba volando en mi sueño. No volando velozmente a cielo abierto. Sino volando torpemente, intentando mantenerlo de manera fluida. Hacía un salto, volaba por un instante - lo suficientemente lejos para que se considerara vuelo - y volvía a caer. Esto se repetía una y otra vez. Había personas persiguiéndome, personas difusas. De las que yo estaba intentando escapar.
A pesar de que pareciera una persecución, mi sentir era de euforia, de libertad. Desperté abruptamente alrededor de las 3 am, emocionado. Cerré rápidamente los ojos para volver a soñar lo mismo, pero ya no pude. Ya había vivido esto. Y por más que lo intento no consigo volar como se merece.
Más adelante en la semana iba de regreso del trabajo, camino a casa, escuchando un podcast en el que psicoanalizaban al entrevistador. Avanzada la charla, le pidieron hacer un ejercicio que consistía en que cerrara los ojos e identificara tres imágenes que pasaran por su mente. Las tres imágenes que identificara como las más nítidas. Estas imágenes las anotaron y le preguntaron a GPT que, asumiendo el rol de un experto intérprete de sueños, le elaborara la relación.
Para sorpresa del entrevistador, aquella interpretación encajaba perfectamente con la etapa de su vida en que se encontraba. El subconsciente siempre encuentra la forma de comunicarse usando imágenes, símbolos y emociones en lugar de un lenguaje directo o lógico, mencionó el psicoanalista.
Lo que me correspondía hacer era obvio. Elaboré el prompt y le pedí a GPT que me ayudara con esto. Y la respuesta me hizo clic.
El símbolo central es el vuelo. Y volar suele hablar de expansión, crecimiento y libertad. El hecho de que no lo controle del todo sugiere que ya llegué a un nivel que antes parecía lejano, pero mi mente todavía está ajustándose a esta nueva identidad.
La persecución por personas desconocidas apunta a presiones sin rostro, miedos difusos, como el temor a perder lo que he logrado. No necesariamente como un freno intencional, sino como un límite antiguo que aún dialoga con la persona en la que me estoy convirtiendo ahora.
En resumen, argumentó GPT, mi identidad está creciendo más rápido de lo que mi sensación de control alcanza a procesar. El sueño no me está diciendo "cuidado, te van a alcanzar". Me está diciendo, más bien, "ya aprendiste a volar; confía en que puedes sostenerte en el aire".
Me dejó reflexionando.
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"Como es arriba es abajo. Como es adentro es afuera."
- Hermes Trismegisto.
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He aprendido en mi vida que la mayoría de las ocasiones no necesitamos respuestas. Necesitamos las preguntas correctas. Y algo de eso me lo confirmó, días después, una parábola de Myron Golden que me crucé casi por casualidad. Myron decía que un árbol tiene qué crecer en dos direcciones al mismo tiempo. Hacia abajo y hacia arriba.
Y si pudiéramos ver la parte del árbol que se encuentra bajo tierra, descubriríamos que se parece muchísimo a la parte que vemos sobre ella. El sistema de raíces guarda una enorme similitud con el sistema de ramas y frutos.
Cuando una semilla cae a la tierra, lo primero que hace no es crecer hacia el cielo, sino acercarse a la gravedad. Crece hacia abajo. Bajo la tierra hay humedad y oscuridad. Hay resistencia. Las raíces tienen qué abrirse paso entre la tierra. Deben empujar, luchar y encontrar el camino para crear un sistema de raíces lo suficientemente robusto, para que pueda sostener esa otra parte del árbol que vemos sobre la tierra.
Cuando el árbol rompe la superficie de la tierra y emerge, todo cambia. Ahí no existe esa misma resistencia. Entonces comienza la otra parte del crecimiento: la que avanza hacia la luz y se aleja de la gravedad. Ese crecimiento es el único que el mundo nota.
El trabajo que hacemos en la oscuridad, cuando nadie nos observa, cuando todo es difícil e incómodo, es el que hace posible aquello que algún día todos verán bajo la luz.
Si no estamos dispuestos a crecer hacia abajo, jamás podremos crecer hacia arriba. La profundidad de nuestras raíces determinará la altura que podremos alcanzar. No existe árbol alto con raíces cortas. Los frutos siempre son visibles. Las raíces, casi nunca. Porque son estas las que sostienen todo lo demás.
Regresando a mi sueño, quizá la pregunta más honesta que me deja este, no es quién o qué me persigue. Sino por qué sigo mirando hacia atrás cuando ya descubrí que puedo elevarme por encima de todo aquello que antes me limitaba.
Porque mi identidad actual es sostenida ya por las raíces que he forjado. Quizá la pregunta correcta debería ser:
¿Qué tan profundas quiero ahora que sean mis raíces?

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