El bosque de las luciérnagas.

 El viento en el mirador era cortante. El frío le calaba en los huesos. Abajo, la ciudad se veía distante. Las luces titilaban en el fondo y se percibía una noche tranquila. En silencio.


Había jugado ya con esta idea desde hace tiempo. Con subir ahí. Llevaba años buscando una razón para no hacerlo. No la encontró. Dedicó muchos años a tratar de entender el porqué de su dolor. A lamentarse. Buscando encontrar propósito en su desgracia. 


Cerró los ojos. Y entonces los vio. 


...


La dinámica de ese fin de semana había resultado improvisada. No habían sido unas vacaciones planeadas. Pero, dada la situación, acordaron ir a visitar un par de pueblitos y pasar el rato en familia.  


Muy cerca del pueblo había un lugar en el que, durante esa temporada, la noche se iluminaba. El bosque de las luciérnagas.


Emprendieron el camino sin demasiada expectativa. Y aunque estaba relativamente cerca, ya el último tramo del recorrido era sobre una vereda rural. En algún momento incluso dudaron de haber tomado el camino correcto. 


En su mente había cierto temor de regresar por ese camino ya con la noche encima. Pero ya estaban ahí. No había mucho qué hacer.


Al descender del vehículo los recibió su guía. Una jovencita muy alegre que disfrutaba el trabajar en una de sus pasiones, caminar por el bosque. 


Aquello era enorme. Se respiraba este olor a limpio, a aire fresco. Un aroma muy difícil de encontrar ahora. Los árboles enormes se extendían por todo el lugar.


Recorrían el largo sendero mientras oscurecía. Poco a poco se percibía la temperatura bajar. Los árboles se cerraban sobre el camino y se bifurcaban distintas veredas. 


La guía pidió silencio antes de llegar al claro. Y entonces empezaron a aparecer. 


Primero una. Luego diez. Luego demasiadas para contar. El bosque entero empezaba a encenderse desde adentro, despacio. Como si fuera tímido al hacerlo. 


Algunas luciérnagas se posaban sobre los niños. En el pelo de su mujer. Reían calladamente, tratando de evitar espantar a aquellos pequeños seres. 


No recordaba haber sido tan feliz. Se sentía pleno. Sin nada material de por medio. Solo él y los suyos. 


Los niños se detuvieron. La guía pidió silencio nuevamente. 


Cerró los ojos. Y entonces lo vio.


...


Es raro ese sentimiento. Extrañar aquello que nunca fue, pero hubieras deseado que fuera. La nostalgia del anhelo.


Y ahí, mientras caía al vacío que tanto se había imaginado. Mientras el viento frío golpeaba violentamente su rostro, recordaba todas aquellas experiencias vividas. No en su pasado, sino en el futuro que no se permitió.


Ahí. En aquel breve lapso que se consumía a gran velocidad. Y que a la vez asemejaba una vida entera. Lo entendió. 


Dedicó muchos años a tratar de entender el porqué de ese dolor. Lamentándose. Buscando propósito en su desgracia. No puedes encontrar aquello que quieres en tu pasado. Su propósito estaba en otra línea de tiempo. Un camino que ni siquiera había empezado a dibujar. 


Aquello que tanto anhelaba pero que nunca sucedió, estaba escondido en ese bosque. Y lo encontró. Mientras todos esperaban entusiasmados, a que esos hermosos destellos iluminaran la oscuridad de la noche.


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"No es la muerte lo que un hombre debe temer, sino nunca haber empezado a vivir." 


- Marco Aurelio.






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