El hombre polilla.
Esta semana me pasó algo muy extraño. Salí muy temprano de casa, como todos los días, para ir a entrenar. Siempre que salgo, el residencial está en silencio. Por alguna extraña razón aquí la vida inicia más tarde.
Cerré la puerta y me dirigí al carro. No había dado ni dos pasos cuando escuché cómo algo arriba de mí emprendía el vuelo. No solo lo escuché, lo sentí. Algo grande. Muy grande.
Me detuve un momento a observar el lugar, pero no vi nada extraño. Resultaría absurdo pensar que era Batman. Así que me inclino más hacia la hipótesis de el hombre polilla.
Le platiqué a Linda. Ella revisó las cámaras y, en efecto, ahí estaba...
Claramente se ve en la grabación cómo cierro la puerta, avanzo y de inmediato volteó hacia arriba y empiezo a buscar algo en los techos. En el cielo. Pero no. No había nada más.
Solo yo buscando.
Nos mudamos en marzo a este lugar. Me gusta mucho. Nos lo merecíamos. Por ahí tenemos una foto muy bonita de cuando llegamos a esta casa. Fue un momento de realización para ambos. El camino no ha sido fácil.
Y todo inició rompiendo el protocolo.
Linda y yo nos hicimos novios en el 2009. Teníamos 20 y 23 años, respectivamente. Habíamos coincidido cinco años antes, pero no estábamos listos. Volvimos a coincidir cuando ya era el momento justo. No es que me dé orgullo contarlo, pero ella me pidió a mí ser su novio.
A veces para conseguir lo que quieres, tienes que ser así, desfachatado. Irreverente. A mí también me gusta ser así. Quizá es una razón más de por qué congeniamos.
La foto que enmarca este escrito sucedió el día en el que íbamos de Saltillo a Monclova, camino a casa de mis Papás, a contarles que iban a ser abuelos. Y que nos íbamos a casar. A once meses de haber iniciado nuestra relación.
Justo a mitad de camino, en la zona de la muralla, se situó por varios años una estatua de un Oso Negro. El Oso Negro es el símbolo representativo de la fauna en el Estado de Coahuila.
A finales de los noventa, mi Papá y mi hermana participaron en un concurso del Estado para elegir este símbolo. Si mal no recuerdo redactaron una carta en la que, en primera persona, el Oso justificaba por qué debería ser seleccionado. Y ganaron. Esa estatua era un monumento a conseguir lo inconcebible.
Ese día de la foto estaba muy emocionado. Según yo ya había pasado la parte difícil, contarle a mis Suegros. Contarle a mis Papás me emocionaba mucho, pero más lo hacía iniciar esta nueva etapa de mi vida.
Nos detuvimos en ese punto a tomarnos fotos. Ingenuos ante el futuro, pero expectantes.
Me gusta respetar las reglas. Pero no siempre sigo el libro al pie de la letra. También me gusta hacer las cosas diferente. La genuinidad. Vivir en autenticidad.
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"Si un hombre no sigue el paso de sus compañeros, quizá se deba a que escucha otro tambor."
- Henry David Thoreau. Walden.
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Ser irreverente no garantiza nada. Hay quien rompe el protocolo y se equivoca, y no hay manual que distinga a un desfachatado de un imprudente. Lo que sí veo es que las decisiones que más me definen no fueron las protocolarias, sino las que me obligaron a preguntarme qué quería de verdad. Romper una regla te enseña, a veces con incomodidad, que la regla era opción. No ley.
Si Linda no hubiera roto el protocolo y me hubiera pedido ser su novio, no habríamos formalizado nuestra relación meses después de una manera tan informal.
Y si años después no hubiéramos decidido salir del esquema tradicional y nos hubiéramos alejado de los nuestros en búsqueda de nuestro propio camino, no estaríamos aquí hoy. En este lugar que nos merecemos y que seguramente pronto decidiremos dejar atrás. Y yo no habría estado a punto de ser devorado por el hombre polilla.
Y tampoco estaría aquí, este 22 de octubre, para celebrar tu cumpleaños número 38.
Feliz cumpleaños.

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