Inventario de ausencias.

 En julio del año pasado cumplí cuarenta años. Pero, cosa extraña, apenas la semana pasada mi cuerpo se dio cuenta y me cayeron encima.


Me enfermé como hacía muchísimo tiempo que no me sucedía. Intolerables fueron cuatro días. De sábado a martes. Es muy raro que falte al gimnasio algún día del año, pudiera decir que casi siempre voy. Falté dos. 


Todos los días, todos, publico en mis estados de WhatsApp dos clips que me hayan dejado algún aprendizaje y un clip de alguna canción que me gusta. Bueno, pues también fallé un día en publicarlos.  


Esto último fue el colmo. Ahí hasta tenía preocupada a mi esposa por mis estados.


Ya al quinto día y, gracias a un ajuste en el medicamento que me sugirió mi suegro, amanecí mucho mejor y pude hacer mi día con normalidad.


Es fácil dejar de notar lo que siempre está. Por importante que sea. Bien dicen que mientras estamos sanos podemos tener miles de problemas. Pero cuando enfermamos, solo tenemos uno. 


Y no solo sucede con nuestra salud. 


--------------------------- 


"Eres prisionero del presente en tu línea temporal. Transitando para siempre entre tu pasado inaccesible y tu futuro incognoscible."


- Neil deGrasse Tyson.


--------------------------- 


Decía Heidegger que las cosas suelen darse a notar cuando dejan de funcionar como esperamos. Que aquello que permanece silenciosamente integrado en nuestra vida adquiere protagonismo cuando nos hace falta.


Es muy fácil acostumbrarme a mi cotidianidad. A despertarme sin dolor. A mis comodidades. A la cercanía de mi familia. Al ruidazo que se carga Santiago con su música mientras canta y silba a pecho abierto. A subir las escaleras, asomar la cabeza al cuarto de Sofi y verla tranquilita en cama. Nos acostumbramos tanto a ver todo en los mismos lugares que terminamos por dejar de verlo. 


Hasta que algo falta. 


Lo paradójico es que somos incapaces de abandonar nuestro presente, pero demasiado hábiles para ausentarnos de él. 


Es curiosa nuestra relación con el tiempo. Vivimos en el presente, pero regresamos constantemente al pasado, añorando momentos que no supimos apreciar mientras sucedían. Recordamos el futuro, imaginando realidades que quizá nunca lleguen a existir. 


Y este mundo es visible solo para aquel que sepa dónde mirar. 


No necesitamos perder algo para que esté ausente de nuestra vida. A veces basta con dejar de prestarle atención.


Ahí la clave. Prestarle atención. Porque todo sigue aquí. Todo vive aquí. 


Menos yo. 



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Bajo la sombra del sauce.

Y el tiempo pasó…

Un Domingo cualquiera.